Dicen que en Tussam nunca se privatiza nada. Lo dicen ellos, los que reparten “PLAZAS” donde antes ponía “VACANTES”, los que llaman “colaboración público-privada” a lo que toda la vida se llamó entregar la vaca y quedarse ordeñando el aire. Repasemos la hemeroteca, que para eso está, y que cada cual saque sus propias conclusiones... la interpretación, como siempre, os la dejamos a vuestro libre albedrío.
2018.
La línea que se disfrazó de excepción.
Empezamos por lo pequeño,
que es como empiezan siempre estas cosas: “solo son dos líneas, hombre, no
exageréis”. La 16 y la C6, rutas de Valdezorras a Ponce de León y al aeropuerto
viejo, llevaban años en manos de concesionarios privados —primero Amarillos
S.L., luego Damián Millán, después Casal S.L.—, y una petición ciudadana de
enero de 2018 lo retrataba sin anestesia: fines de semana sin nadie en la
empresa privada, un solo autobús donde hacían falta dos, y hasta los botones de
emergencia tapados, no fuera que el usuario se acostumbrara a pulsar cosas.
Cinco millones de euros públicos, calculaban, podían haberse quedado en casa en
vez de salir de excursión al bolsillo ajeno. Pero bueno, “son solo dos líneas”.
Fuente
2020.
El aeropuerto como puerta de servicio.
Con Espadas de alcalde y
la pandemia de coartada perfecta, el “Plan 8” de reactivación turística coló,
letra pequeña incluida, el compromiso municipal de “facilitar la puesta en
marcha de un servicio privado de autobús” para el aeropuerto, en cuanto la
demanda se recuperase, se entiende. Es decir: que el autobús público se coma
las pérdidas cuando no viaja nadie, y que el privado se lleve el pasaje cuando
el chollo vuelve a estar servido. Certificado de defunción de la gestión
pública, redactado por la propia gestión pública, con membrete oficial. Entre
2015 y 2019 el aeropuerto había crecido un 75% y Tussam un 89,52%, para quien
todavía necesite datos antes de repartir la empresa por fascículos. Fuente
De
aquellos polvos, estos lodos: la campa que ya es de Casal.
Y llegamos a hoy, que no
es que el pasado se repita, es que ni se ha ido. La campa donde ahora se cuela
“por cojones” la calle Siete pertenece a Casal, la misma Casal que en febrero
de 2027 presentará su “Bus del Centenario” —su centenario, no el nuestro, que
quede claro, que aquí cada uno celebra sus cien años con el dinero de quien
puede— con foto incluida del jefe de la aldea abrazado al jefe de la empresa.
No hace falta ser muy suspicaz, solo tener ojos y algo de memoria histórica,
dos cosas que aquí escasean más que un botón de emergencia sin tapar. Fuente
El
bus autónomo de Cartuja, o cómo saltarse los estatutos sin que ladre nadie.
Mientras tanto, el jefe
de la aldea permite el bus autónomo por el entorno de Cartuja pasándose los
estatutos de Tussam por donde amargan los pepinos, y el silencio que se escucha
no es respeto, es entrenamiento. A base de mirar para otro lado se aprende a no
ver, y a base de no ver se aprende a no ladrar. Los cachorros del soez, machos
y hembras con rodilleras de serie, ya lo tienen aprendido de sobra.
Y
mientras se privatiza, que no falte discurso de “más plantilla”.
En noviembre de 2025
hasta Sumar Andalucía tuvo que salir a decir lo evidente: que Tussam necesita,
como mínimo, un tercio más de autobuses de los que tiene, que se han sumado
servicios especiales —traslados al Betis incluidos— sin sumar ni personal ni
flota, y que “no se puede pedir excelencia a una plantilla agotada”. Nadie
habla de privatizar cuando puede hablar de “optimizar recursos”, que suena
mejor en la nota de prensa y mancha menos la conciencia. Fuente
El
telón de fondo municipal, por si a alguien le quedaba alguna duda.
Y para quien piense que
esto es cosa solo de autobuses, ahí tienen a Sanz defendiendo con la boca
pequeña la externalización de la limpieza de los colegios —300 puestos
municipales que según la oposición desaparecen, 25 millones frente a los 9 que
costaría lo público con 80 contrataciones nuevas—, con la plantilla municipal
saliendo a la calle el 19 de febrero de 2026 y una huelga indefinida ya
anunciada para abril. La foto se repite en cada empresa pública del
Ayuntamiento como una fotocopia mal hecha: primero se infrafinancia, luego se
dice que “no funciona”, y al final se llama al de siempre para que lo
arregle... cobrando, claro. Fuente 1 · Fuente 2
Nosotros
ya avisamos, no es la primera vez.
Que conste que esto no
nos coge de nuevas. Ya en 2019 contábamos aquí la “Historia de Tussam. El
pelota”, y en 2022 preguntábamos sin rodeos si “la repetiríamos para lo malo”,
recordando cómo de aquella Tussam-departamento municipal se pasó a
Tussam-empresa, cómo desapareció la figura del cobrador y cómo el ahorro de la
empresa se convirtió en propina para el trabajador. En 2025 volvimos a
insistir, “la decisión de los trabajadores”, avisando de que el sindicalismo de
bolsillo y las individualidades de “come-zanahorias” allanan el camino a quien
de verdad quiere trocear esto. Quien no lee su propia historia está condenado,
como mínimo, a que se la reescriban otros. 2019 · 2022 · 2025
Para
terminar, que no os la den con queso.
No hay privatización que
se anuncie con ese nombre, como no hay perro que se anuncie mordiendo. Se
anuncia con “colaboración”, con “eficiencia”, con “centenario”, con “plan de
reactivación” y con “PLAZA” en mayúsculas para que suene a algo que no es. Diez
años largos llevan afinando la técnica: una línea aquí, un plan turístico allá,
una campa que cambia de dueño, un bus autónomo que se salta estatutos, un
centenario ajeno celebrado con foto propia. Cortita y al pie, que no se le
pierda a nadie la vista... que es, a estas alturas, lo único que a algunos les
va quedando sano.