«La indolencia es la falta de voluntad, energía o
sensibilidad para conmoverse o interesarse por algo» (RAE). Y el refranero, que
no falla, lo resume mejor que nosotros: no nos acordamos de Santa Bárbara hasta
que truena.
Los hechos
Ayer, un incidente con un
viajero con movilidad reducida (PMR) volvió a poner negro sobre blanco lo que
llevamos meses avisando: el dispositivo de sujeción no funcionó. Cinturón de
seguridad con bloqueo, averiado, en el momento exacto en que alguien lo
necesitaba.
Actuamos de inmediato.
Enviamos un comunicado solicitando la
comprobación de estos dispositivos en todos los autobuses que estaban
circulando y en los que saliesen hoy a la calle. El resultado, tras revisar la
flota al completo:
UN SOLO REPORTE DE AVERÍA.
Vaya por delante, y sin
sarcasmo, nuestro reconocimiento público al compañero que dio la cara y remitió
la incidencia. Que conste: reconocerlo no debería ser noticia. Es,
sencillamente, lo mínimo que cabe esperar de quien cumple con su obligación sin
importarle que el resto mire para otro lado.
Porque la lectura oficial
ya estaba escrita antes de que nosotros abriéramos la boca. Si solo aparece un
parte, será que el 99,9 % de la flota funciona de maravilla: los cinturones
bloquean, las sillas se sujetan, los mandos duermen tranquilos. Enhorabuena a
la empresa, capaz de lograr semejante nivel de excelencia en los 6 minutos que
tenemos para revisar el vehículo antes de salir — esos mismos 6 minutos que
tanto costó arrancarle al convenio. Una lástima que tampoco nos lleguen copias
de los partes de avería salvo por la misma media docena de compañeros de
siempre. Será magia. O será, más bien, que el «mantenimiento excelente de la
flota» se sostiene, como casi todo aquí, sobre el silencio de quien prefiere no
meterse en líos.
Esa es la lectura de la
empresa: si nadie comunica un parte, no hay avería; si no hay avería, todo va
de maravilla. Comprobado «a pies juntillas»: los vehículos circulan en
«perfecto estado» solo porque nadie dice lo contrario, no porque lo realmente
lo estén.
A la vista de estos
datos, dejamos en suspenso el protocolo de averías que estábamos elaborando. Y
lo decimos con toda la ironía que merece: la falta de partes hace que los
compañeros a los que la empresa llama «porculeros» —por remitir averías y
negarse a sacar a la calle un vehículo en mal estado— queden como bichos raros,
como excepción incomoda, sencillamente por cumplir con su obligación. No por su
celo, sino por la dejadez del resto.
Y cumplir esa obligación
no es una manía. Es el escudo jurídico que te protege el día del incidente: el
que despeja cualquier duda del juez sobre si el conductor cumplió con todos los
protocolos profesionales, y el que traslada la responsabilidad a quien de
verdad la tiene: LA EMPRESA.
Ceder al chantaje de
«todos lo hacen menos tú» por negarte a trabajar en un vehículo que no cumple
la norma es ponerte en la picota de algo mucho más serio que decirle NO al
mando cortijero de turno. Porque en 40 años de juicios, individuales y
colectivos, en ASC no hemos
conocido todavía a un solo mando que dijera la verdad delante de un juez. Dicen
lo que le conviene a la empresa y a sí mismos: «el conductor decidió
continuar». Porque mientras tú sigas circulando, no generas problemas a esos
mandos… hasta que ocurre algo. Entonces te venden. Y te conviertes en el
pagafantas de guardia.
Marco legal
Esto no es una opinión
sindical más. Es la ley, y conviene tenerla a mano:
■ Art. 14 y 17.1, Ley 31/1995 de
Prevención de Riesgos Laborales (LPRL): la empresa está obligada a
garantizar una protección eficaz y a que los equipos de trabajo —el autobús
incluido— sean adecuados y se mantengan en condiciones seguras durante todo su
uso.
[BOE]
■ Real Decreto 1215/1997, disposiciones
mínimas de seguridad y salud para la utilización de equipos de trabajo: exige
revisiones y mantenimiento periódico de los equipos, no la fe del carbonero
en que «si nadie avisa, todo funciona». [BOE]
■ Real Decreto 1544/2007, condiciones
básicas de accesibilidad y no discriminación en el transporte: obliga a que
los sistemas de sujeción para personas con movilidad reducida estén operativos,
no solo instalados de cara a la galería. [BOE]
■ Real Decreto Legislativo 1/2013,
texto refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad:
recoge el régimen de infracciones y sanciones cuando esos derechos de
accesibilidad no se garantizan. Un cinturón que no sujeta a un PMR no es un
fallo cosmético: es, potencialmente, una infracción con nombre y sanción
propios.
[BOE]
■ Art. 21, LPRL — riesgo grave e
inminente: reconoce el derecho del trabajador a interrumpir su actividad
y negarse a operar un vehículo cuando existe un riesgo grave para su seguridad
o la de terceros. [BOE]
■ Art. 29.2.4º, LPRL: no es solo un
derecho, es una obligación —el trabajador debe informar de inmediato de
cualquier situación que a su juicio entrañe riesgo para la seguridad o la
salud.
[BOE]
Qué hacer
1. Reporta SIEMPRE por escrito cualquier
avería de los dispositivos de seguridad, por pequeña que parezca. Sin parte, no
hay memoria, y sin memoria, la empresa gana por incomparecencia.
2. Guarda copia de cada parte que remitas
y remite copia al sindicato. Es el único papel que te defiende el día que
alguien pregunte «¿usted lo sabía?»
3. Si el sistema de sujeción para PMR no
funciona, no saques el vehículo a la calle. El art. 21 LPRL te ampara. La
responsabilidad, en ese caso, es de quien no mantiene la flota, no de quien se
niega a arriesgar a un pasajero.
4. No te dejes intimidar por la etiqueta
de «porculero». Cumplir la ley no es un capricho: es la única póliza que existe
contra la doble vara de medir de la empresa.
5. Si recibes presión por reportar una
avería, comunícalo al sindicato. Lo documentamos y lo trasladamos donde
corresponda…hasta lo penal si hiciera falta.
Cierre
Volvemos, cómo no, a la
indolencia. Pagar indolencia con indolencia es lo único que podemos esperar
como reflejo de nosotros mismos, con todas sus consecuencias: es muy difícil
defender a quien ha caído precisamente por haber pasado de todo. De ahí lo de
Santa Bárbara. Y luego, aplicarle al que te defendió, te advirtió y dio la cara
por ti, los calificativos negativos de siempre sobre «la dedicación sindical»
—tan manidos como falsos en la inmensa mayoría de los casos— es muy probable que
el tiempo que acabe dándonos a los sindicalistas la razón. Ya ven lo que da de
sí la indolencia: al final, cada uno bebe de su propia medicina.
La indolencia no es neutral: es
cómplice.
Un cinturón que no sujeta no es un
detalle: es un riesgo con tu nombre.
Callar no es prudencia: es firmar en
blanco a favor de la empresa.
Si no lo denuncias tú, lo negará ella.
No esperes a que truene para acordarte de Santa Bárbara
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