jueves, 27 de agosto de 2026

HISTORIA DE TUSSAM: MEMORIA DE PEZ Y EL BOSQUE QUE VOTÓ AL HACHA


Dice la canción que la distancia hace el olvido. Aquí no ha hecho falta ni la distancia: con el paso de una tarde de bochorno ya se nos ha olvidado hasta lo que juramos no olvidar jamás. Aquello que algunos maquillaron de "guerra civil" en la empresa duró, en realidad, menos que una candela de papeles un día de viento: prende, hace ruido, y se disuelve en el aire en menos de un periquete, sin dejar ni ceniza que incomode a nadie.

Tenemos memoria de pez, sí. Pero que nadie se confunda: no es un rasgo genético de la plantilla actual, por mucho que algunos veteranos —esos que llevan tiempo buscando la salida digna sin encontrarla— se empeñen en repetirlo para justificar su propio borrado de la pomada. El olvido selectivo lleva aquí décadas de rodaje, y ya lo vivimos, clavadito, en etapas anteriores. Refresquemos la memoria, que para eso están los archivos y no las excusas.

Empecemos por la Expo: un convenio firmado a la baja y con las prisas de quien tiene un tren que coger, mientras los negociadores de otras empresas municipales —esos a los que sí se les permitió sentarse a negociar en serio— doblaban las cantidades conseguidas aquí. El curro más grande de la historia de Tussam, rematado a precio de saldo... y firmado, cómo no, con el respaldo entusiasta de ese sindicato que opera mejor entre bambalinas que en la mesa, prestando desde las sombras sus servicios preferentes a la empresa. Aquí lo llamamos, con cariño, "el del coloraó": el que nunca da la cara pero siempre encuentra la manera de aliarse con otros para que la empresa salga ganando.

¿Y el PEL? Ah, el PEL. Un pacto de eficacia limitada, solo para afiliados y voluntarios, cocinado a toda prisa justo después de que la plantilla, en referéndum, dijera NO a la propuesta de convenio. Lástima que en el minuto uno, casi toda la plantilla corrió a adherirse voluntariamente, como cachorros a la primera llamada del poderoso caballero ¡!!menos da una piedra!! Que pensarían, porque eso de pensar que con un plantón se meterían el PEL por el orto, eso ya es mucha rebeldía y dignidad. En el minuto noventa, solo unos pocos seguíamos plantados, negándonos a tragar aquel atraco a la democracia con nocturnidad y alevosía. Que quede escrito: hubo quien no se arrodilló ni vendió su dignidad por 30 miserables euros (5.000 Pts de las de entonces)

Después llegó el sangrante convenio de las 7 horas, un titular precioso para quien venía de jornadas de hasta 8:32 —qué generosidad, qué avance histórico, se aplaudían solos—, pero que en la letra pequeña, en esa "B" que nadie leyó en voz alta, se escondía la reducción de 22 servicios diarios. Hacer el mismo trabajo con menos gente, disfrazado de conquista social: toda una estafa vestida de traje de postín. Hicieron falta unos paros parciales de ASC para dar al traste con el invento y, de paso, con la ocurrencia paralela de sustituir las mamparas por cámaras. Que cada cual imagine ese futuro alternativo: la pandemia, el Covid, y nosotros sin mamparas porque a alguien le pareció más barato vigilarnos que protegernos. También aquí, como con el PEL, unos cuantos aguantamos el pulso y obligamos a la marcha atrás. De nada.

Y ya que estamos desempolvando el álbum familiar: ¿a nadie le suena la etapa 2004-2016? La más convulsa de la historia de Tussam, sí, pero también la más prolífica: un 80% de cumplimiento de los compromisos adquiridos en las elecciones sindicales. Compárese con el 10% —cuando llega— de la etapa que la sustituyó, adornada además con campañas que ni se molestan en presentar proyecto sindical alguno, más allá de dedicarse a criticar y desprestigiar a quienes sí tomaron la iniciativa. Cómodo, el discurso de quien no arriesga nada y solo sabe apuntar con el dedo a quien sí lo hizo.

Cerremos el álbum con los acuerdos de Feria a la baja, firmados por otros, y que se llevaron por delante subidas salariales ya pactadas con nosotros anteriormente en convenio; con los 24 fines de semana convertidos en un "ya veremos" que, en la práctica, te quita dos fines de descanso al año sin que nadie lo anuncie por megafonía; y, sobre todo, con el año pasado, cuando la presión por las agresiones se convirtió en una “obligada” manifestación frente al Parlamento el único día en que en el edificio solo quedaba... la persona que limpia los baños. De las agresiones ya no se acuerda nadie. Y del asunto de agentes de la autoridad, que se dejó apuntado en 2016 solo para empujarlo lo justo y dejarlo morir de inanición, incluso cuando parecía que iba a resucitar, mejor ni hablamos: silencio de cementerio.

Todo continúa, la vida sigue, aquí no pasa nada. Lo único que nunca se olvida es la matraca de que "todos somos iguales", cuando es evidente que no lo somos: es la coartada perfecta de quien ha decidido mirar para otro lado, votar al verdugo o hacer demagogia barata para lavarse la conciencia. Mala suerte: la conciencia no se lava con eslóganes, porque para bien o para mal eres tú quien decide su futuro con tu voto.

Y el bosque votó al hacha, porque, aunque la veía trabajar día tras día, decidió que era de los suyos: total, tenía el mango de madera. Lógico, tratándose de seres vegetales. La pregunta, compañeros, es; ¿de qué madera estamos hechos nosotros si se ha demostrado que cuando les apretamos se mueven?...tenga…a ustedes!!