Cuando se habla de compromiso, hay que entrar en todo su contexto, porque lo que para unos es compromiso, para otros es sacrificio. Y entre esas dos palabras cabe media plantilla.
Ayer, en un debate en las redes, se departió sobre ello con posturas divergentes… los que siempre están se quejan de los que no están; los que van a veces dicen que hacen lo que pueden dentro de sus posibilidades; y los que no están, simplemente, callan. Ese silencio, por cierto, también dice mucho: a veces no es indiferencia, es vergüenza torera, y la vergüenza torera, bien mirada, ya es una semilla de compromiso que solo espera quien la riegue.
¿A quién hay que defender, pues? Ese es el eterno dilema, dado que, como sindicato, la obligación es defender a todos, y la obligación de todos es acudir a las llamadas sindicales… no hay dudas, incluso los propios estatutos obligan a estar. Pero, ¿por qué no actúa el sindicato abriendo expedientes disciplinarios a quien falta? Sencillamente, porque generaría más problemas y ni una sola solución al problema de fondo: la falta de participación. El palo nunca convenció a nadie de nada; a lo sumo, lo convence de esconderse mejor la próxima vez.
Hay sindicatos que cobran cuotas de negociación, es decir, negocian gratis solo a quienes están y se mojan… Así, los que no están no se benefician del esfuerzo de los que sí lo hacen… Es una solución, lo que pasa es que, como en los ERE, siempre se cuelan intrusos, y eso es aún más dañino que el propio pancismo, porque corrompe hasta la excepción que confirmaba la regla.
Nosotros seguimos entendiendo esta cuestión desde el ámbito pedagógico: lanzando mensajes de compromiso y participación solidaria, explicándolo con paciencia de picapedrero, sin buscar ganadores ni perdedores, sin víctimas ni culpables, siempre con el ejemplo por delante. Porque hay algo que la estadística sindical nunca recoge y que, sin embargo, es lo único que de verdad mueve a la gente: la primera vez que alguien acude a una concentración lo hace casi siempre porque vio a otro compañero ir antes. El compromiso, como los buenos hábitos, se contagia mucho más de lo que se ordena.
El gran hándicap, sin duda, es la falta de colaboración sindical: no hay quien fomente esa participación; al contrario, algunos se sitúan como buitres para captar al descontento y meterlo en el redil de la complacencia, con aquello de "no hace falta que te mojes, que para eso estamos nosotros". Bonita jaula de oro, tan cómoda que ni rejas necesita: el propio cobijado se convence de que fuera hace más frío del que hace.
Históricamente lo hemos visto con los dos grandes sindicatos: usaron la rebeldía y el compromiso de los trabajadores para hacerse grandes, y después les crearon dependencia a través de un falso halo de pertenencia al grupo, cuando la realidad es que solo buscaban mantener sus feudos como dirigentes. Dame pan y dime tonto, que dirían los más pancistas… y con razón, si el pan solo lo ganan otros.
Insistimos: aquí no hay buenos ni malos, hay simplemente distintos momentos vitales, distintas cargas, distintos miedos. Nosotros somos más de de eso de la conciencia interna, de hacer lo justo, de poner nuestro granito de arena, y ahí es donde merece la pena insistir, no en el reproche: ¿serías capaz de hacer lo correcto sin estar obligado a ello? Porque se dice que la conciencia está en lo que haces cuando nadie te ve… y esa pregunta, hecha con cariño, remueve más que cualquier expediente.
Y aquí, para terminar, tiramos de ego, bien entendido, claro, porque el ego bien administrado también construye. Hay trabajadores que, tras años de perfil bajo, se han asomado por fin a una asamblea general y han descubierto —para su propia sorpresa— lo que se siente al hablar de tú a tú con quien decide sobre tu sueldo y tu vida. Ese primer paso, aunque llegue tarde, vale tanto como el de quien nunca dejó de darlo, porque lo importante no es cuándo se empieza, sino que se empieza. Quien ha estado desde el principio sentirá siempre el orgullo íntimo de haber sido partícipe de los logros y las batallas, un orgullo que no se puede fingir ni pedir prestado; pero esa misma dignidad está abierta, hoy mismo, a quien decida cruzar la puerta por primera vez.
Yo sí he estado, estoy y estaré… por mí y por todos mis compañeros… desde el principio hasta el final. De estos aún quedamos muchos, y a buen seguro que, con el ejemplo, seremos más. Incluso, y sobre todo, esos que todavía no han tenido la suerte, por falta de ejemplos, de descubrir el poder que tienen entre las manos, a buen seguro se sumaran a la causa.
Nota: el presente texto constituye una reflexión de carácter general y pedagógico sobre la participación labral y sindical, sin ánimo de señalar, juzgar ni menoscabar a ningún trabajador o trabajadora en particular. ASC reitera su compromiso de defender a la totalidad de la plantilla, esté o no afiliada, y su vocación de invitar al compromiso desde el ejemplo y no desde el reproche...eso si, los primeros siempre seran los que siempre estan.