La diferencia entre cuestionarlo todo a nivel filosófico y
criticar por crítica es tan amplia que apenas se distingue a simple vista.
Cuestionar todo lo que hasta ahora hemos dado por hecho nos obliga a pensar, y
pensar nos lleva a analizar, lo que ineludiblemente es la mejor preparación
para tomar decisiones.
La perfección no existe, pero la búsqueda de ese ideal te
acerca mucho más al concepto. Todo es mejorable porque el conformismo te
fagocita a la larga, pero la cuestión está en: ¿quién está realmente más cerca
de ese modelo de perfección?
Situémonos desde estos conceptos en el sindicalismo en
TUSSAM.
No hay día que no escuchemos al personal quejándose,
repudiando o negando su voto positivo en relación con el último convenio, algo
que ha sucedido en los tres últimos. Esto lo extrapolamos a los sindicatos
promotores o pivotantes de la negociación.
La decisión del voto, acertada o errónea, para que fuese
objetiva, tendría que haberse tomado desde el análisis personal de las
informaciones sindicales que aparecieron —ojo, informaciones sobre lo que se propone, pensando solo y
exclusivamente en las propuestas. Lamentablemente, y a tenor de esas quejas,
mucho nos tememos que otros factores —la crítica hacia un sindicato o un
sindicalista— eclipsaron el raciocinio de la decisión, haciendo que pesaran más
las animadversiones o el favoritismo sindical que el verdadero análisis sobre
el calado y el alcance de las propuestas.
El resultado lo estamos sufriendo ahora, precisamente porque
pudo más el hecho de votar en contra de alguien a quien no se le tiene simpatía
que el análisis real, pasando por esa fe ciega hacia la palabra de la
organización en la que se milita sin cuestionarla en absoluto. El resultado es
el que es. Quizás ahora, padeciendo lo que en su día se advirtió, el personal
empiece por fin a pensar y a cuestionarlo todo.
Evidenciar lo sucedido no debe suponer accionar contra
sindicato alguno. Como hemos dicho por activa y por pasiva, las decisiones
tomadas —elecciones y convenio— han sido avaladas por la mayoría de la
plantilla, lo que elimina de facto cualquier posibilidad de crítica hacia la
forma de actuar de cualquier sindicato (que actúe sin servir a la empresa o a
intereses políticos, claro está). Solo podemos dar nuestra opinión de cómo y
qué hubiésemos planteado nosotros.
Dicho lo anterior, queremos hacer hincapié en que la
solución no está en borrarse de un sindicato, cambiarse a otro o fomentar la
desafiliación masiva. La clave está en informarse, pensar y tomar decisiones
basadas en el análisis, que sirva de medicina contra el mal que pretendemos
curar, especialmente en los órganos de decisión que son la asamblea de
afiliados.
Pero ¿y si no estás conforme con las decisiones que la
afiliación de tu sindicato adopta por mayoría? Entonces es el momento de
cambiar de sindicato, pero siempre después de haberlo intentado dentro de la
organización elegida. Eso sí: si tu decisión original fue fruto de analizar la información
disponible y de pensar antes de decidir, el cambio debe hacerse con la misma
reflexión. Pero si esa decisión original se debió a simpatías, a una fidelidad
mal entendida o a la creencia de algún tipo de deuda hacia esa organización, el
cambio debería producirse de manera inmediata.
Los sindicatos
estamos para defender los derechos de los trabajadores, no para crear adeptos
cuyo único criterio sea hacer lo que se les diga sin cuestionarlo.
Desde ASC Sevilla
defendemos precisamente esto: una afiliación informada y crítica, no una
militancia por inercia. No pedimos fidelidad
ciega ni buscamos "fichajes" desencantados de otras siglas; pedimos
que cada trabajador de TUSSAM lea las propuestas, las compare, las analice y
decida por sí mismo, a ser posible una vez analizado en asamblea, pero con
datos y no con simpatías. Un
sindicato que teme que su afiliación piense no está defendiendo a los
trabajadores, se está defendiendo a sí mismo. Esa es la diferencia que
de verdad importa.