Ayer, en uno de nuestros grupos de WhatsApp, la tropa se calentó —literalmente, porque el aire de los autobuses hace tiempo que dejó de funcionar— hablando de lo de siempre: fines de semana y veranos con frecuencias de risa (25 minutos esperando en líneas tan "punteras" como la 2 o la 3, ahí es nada) y con una flota que parece sacada de un museo del sudor: vieja, averiada y con el A/A convertido en leyenda urbana.
Nada
nuevo bajo este sol de justicia. Llevamos décadas denunciándolo. Mejoró algo
entre 2005 y 2016, sin llegar nunca a solucionarse del todo, y en los últimos
diez años —los últimos seis con especial saña— la falta de inversión en flota y
la mala calidad de la que llega nos está metiendo en una situación límite. Pero
tranquilos, que ya sabemos quién tiene la culpa: NADIE. Aquí nunca hay culpables, solo
"circunstancias".
EL MANUAL DE INSTRUCCIONES DEL DESASTRE
Esto
no es casualidad, es diseño. Repasemos, paso a paso, cómo se fabrica una
gestión así:
1º.
Los directivos. Entran por la puerta grande, a dedo, colocados por los políticos
de turno. Sin proceso selectivo, sin pedir experiencia previa, sin currículum
que valga más que el carnet del partido. Bienvenidos al despacho: aquí tiene su
sillón y su climatizador de última generación, que para eso sí hay presupuesto.
2º.
Jefes y técnicos. Acceden mediante un paripé que llaman "proceso
transparente", pero sin tribunal que lo supervise ni garantía alguna de igualdad, mérito o capacidad.
Transparente como el cristal tintado de los coches oficiales: se ve todo desde
dentro, nada desde fuera.
Si
hacemos cuentas, toda la escala de mando de esta empresa ha llegado ahí sin
pasar filtro real ninguno. Y aquí la pregunta del millón: ¿alguien cree de
verdad que un enchufado va a colocar debajo de él a alguien que le pueda hacer
sombra, sabiendo cómo funciona el enchufismo en cubierta y con la manada de
buitres compitiendo a su lado? No, hombre, no. Eso ni en el mejor de sus
sueños.
EL VIVERO DEL QUE SE NUTRE ESTA EMPRESA
Por
si hiciera falta más contexto, resulta que el
partido de origen de neustros directivos también coloca a concejales fracasados
en Tragsa. Qué casualidad: el mismo patrón, el mismo mecanismo, la misma costumbre
de recolocar a los perdedores de la urna en un sillón público. Tussam y otras
empresas publicas, llevan años funcionando como auténticos cementerios de
inútiles políticos, premiados generosamente por los servicios prestados al amo
de turno. Y luego nos extrañamos de que el autobús no llegue.
Este
tipo de arquitectura del despropósito es la causa principal de la situación
operativa que sufrimos. Y el círculo se cierra bonito, con lacito y todo,
cuando aparecen personajes con pátina sindical que se ponen al servicio de ese
mismo relato de "igualdad, mérito y capacidad" que ellos mismos
ayudan a pisotear. Qué bonito discurso para las fotos, qué poca vergüenza en la
práctica.
LA PARTE QUE NOS TOCA
Aquí
no nos quedamos solo señalando a los de arriba, que sería muy cómodo. La
responsabilidad también es nuestra, y no solo por los sindicatos o
"sindicalistos" que defienden intereses ajenos a los trabajadores,
sino por nosotros mismos, que somos quienes los elegimos. Siempre hay excusa a
mano para justificar el voto a tal sindicato o a tal convenio, por más que
luego los hechos demuestren lo erróneo y contraproducente que fue. Ahí están
las pruebas, para quien quiera mirarlas sin taparse los ojos.
Y
mientras, unos pocos debaten en redes y aportan datos y documentación —debate
que, lamentablemente, dura lo que un suspiro y se olvida en la siguiente
notificación—, la mayoría calla, aguanta, e incluso defiende el silencio
sindical justificando incluso a directivos, jefes y mandos. Solo nos queda
confiar en que la base trabajadora de Tussam abra los ojos de una vez y
entienda que el camino sindical actual no es el adecuado.
CONCLUSIÓN
O
se cambia el voto hacia quienes seguimos plantados en la losa de los
trabajadores, o toca obligar a los dirigentes a trabajar para la plantilla y no
para el político o el tutor empresarial de turno.
Porque, mientras tanto, seguimos sudando en la 2 y en la 3, esperando 25 minutos, con el aire acondicionado como concepto teórico.
Lo que no se exige, no se conquista.
PD: Luego esos mismos diran que se ha disparado el absentismo sin saber porque...que las colas de las circulares para ir al evento del olimpico son producto de nuestra imaginacion...Pero la culpa al currelante.