domingo, 26 de julio de 2026

DEL BALDE A LA RULETA RUSA

Cuando la acción sindical pasa de ser sumisa hasta el sonrojo para luego transformarse, de repente, en una feria de promesas donde todo es “conseguible”, lo normal —lo inevitable, de hecho— es que aparezca el descontento cuando las expectativas infladas revientan contra la realidad. Nada nuevo: si vendes oro y entregas latón, la gente protesta.

Ahí está Airbus para recordárnoslo. Los trabajadores rechazaron el principio de acuerdo que los sindicatos llevaron a votación. Resultado contrario, caos inmediato, y los convocantes dando un paso al lado como quien se baja del escenario antes de que empiecen a caer tomates. Y lo que llega extraoficialmente —que es como llega siempre lo que de verdad importa— es que la plantilla esperaba más, mucho más, a tenor de lo que se les había vendido. Difícil cuadrar el círculo cuando lo que negocias y lo que la gente quiere están en galaxias distintas.

Y aquí en TUSSAM, qué decir: vivimos nuestra propia versión del mismo capítulo, pero con más temporadas que Cuéntame. Convenio rechazado. Luego se presenta una propuesta a la baja… y se aprueba. Dos veces. Dos convenios distintos. Ni siquiera en el anterior, con la empresa entre las cuerdas gracias a las movilizaciones de ASC y el Csif de MG, se supo —o se quiso, o interesó— sacar nada al alza. Pero aquí nadie dimite, nadie se aparta, nadie asume nada. Simplemente se tiran los dados… aunque ya no quede ni el as en la manga. Y siempre con el mismo cuento: “¡Que viene el lobo!”. Pues eso.

En el último convenio, más de lo mismo: una propuesta aprobada que daba menos dinero que la última rechazada, que incluía partidas que jamás llegarían a los trabajadores, y que salió adelante gracias a la venta de promesas a colectivos concretos para asegurarse los votos necesarios. No es una crítica a los negociadores: sus estrategias fueron avaladas en las urnas y ratificadas en la votación del convenio. No, no son los culpables. El sistema es así porque la plantilla lo ha elegido así.

Ayer hablábamos del balde de forraje. Hoy, la noticia de Airbus nos da todavía más norte. Porque si malo es el que trae el balde cortito y al pie, peor es el otro que pretende llevarnos a una huelga en Feria con demagogias infinitas, como si la demagogia fuese un recurso renovable y sin límite.

Para nosotros, el sindicalismo es otra cosa. Es escuchar primero las necesidades reales, avanzar después en lo accesorio, y sobre todo saber dónde estamos, de dónde venimos y cuál es el margen para no romper la cuerda. El último acuerdo de Feria es buen ejemplo: uno de los sindicatos estaba dispuesto a bajarse del barco antes incluso de que la empresa contestara. Ese no es el camino. Los veteranos lo saben. Los nuevos lo han visto.

Y si algo hemos aprendido es que no vamos a servir de entretenimiento mediático para nadie. No vamos a entrar en guerras con compañeros de otros sindicatos, por mucho que no coincidamos. Propondremos, apoyaremos y ofreceremos alternativas creíbles, buscando consenso desde la serenidad. ¿Que no se logra? Bueno, los trabajadores eligieron ese método por mayoría. ¿Que no es bueno para la plantilla? Pues lo mismo: tenemos tanta libertad que elegimos incluso quién nos da el balde, aunque luego nos lleve al desolladero.

La libertad no se mendiga: Se conquista.

PD: Veremos qué pasa en Airbus. Porque ahora le toca a la plantilla dar el paso al frente. Y claro, cuando uno mete el papelito en la urna —libre y secreto— ya no queda margen para culpar a nadie más.