Una vez más, en esta gloriosa empresa donde todo funciona “a la perfección” —siempre y cuando no seas tú quien conduce, mantiene, limpia o sostiene el servicio— volvemos a presentar al ya famoso personaje del balde de forraje. Ese héroe moderno que aparece cada cierto tiempo con su cubo lleno de promesas, sonrisas y frases motivacionales, como si fuéramos ganado esperando la ración diaria. Y claro, como dice el lema: si los cerdos pudieran votar, elegirían una y otra vez al hombre del balde, aunque el matadero siga funcionando con la misma alegría de siempre.
En TUSSAM, el balde de forraje viene disfrazado de “mejoras”, “reordenaciones”, “ajustes operativos”, “compromiso con la ciudadanía” “para 2028” y otras expresiones que ya deberían venir con subtítulos para que todos entendamos su verdadero significado: más carga para la plantilla, menos descanso, más presión y la misma gratitud obligatoria de siempre. !!Qué maravilla!!
Mientras tanto, desde los despachos —esos lugares mágicos donde el aire acondicionado nunca falla y los problemas se solucionan con powerpoints— nos explican que todo lo que hacen es por nuestro bien. Que sin su gestión, sin su visión, sin su balde, estaríamos perdidos. Curiosamente, cada vez que el balde de forraje se llena, somos nosotros quienes hemos trabajado más. Y cada vez que se vacía, también somos nosotros quienes pagamos las consecuencias.!!!Qué casualidad tan constante!!!.
En los corrales de TUSSAM, los turnos se estiran como si fueran de goma, los descansos se encogen como si fueran de papel mojado, y las promesas se evaporan más rápido que un autobús en hora punta. Pero aun así, pretenden que aplaudamos al repartidor del balde, que olvidemos cuántos compañeros han sido “sacrificados” en nombre de la eficiencia, cuántos han caído por estrés, por agotamiento, por falta de apoyo, por decisiones tomadas desde la distancia de quien se ha olvidado de que somos trabajadores, no cerdos.
La ironía es que algunos creen que pueden seguir administrando la granja eternamente. Que basta con aparecer con el balde de forraje cada cierto tiempo para que olvidemos todo lo demás. Pero aquí viene la parte que les molesta: no somos animales esperando forraje: Somos trabajadores con memoria, con dignidad y con una capacidad de organización que, cuando se activan, hace temblar hasta los cimientos del corral.
Por eso este comunicado no es un lamento, sino un recordatorio. El pienso no es un regalo. La empresa funciona porque la movemos nosotros. La ciudad se desplaza porque nosotros la llevamos. Y ningún balde de forraje puede comprar nuestro silencio ni nuestra obediencia.
La historia cambia cuando dejamos de votar por quien trae el balde de forraje… y empezamos a organizarnos para decidir quién lo llena, de que lo llena, cómo se reparte y, sobre todo, quién controla la puerta del corral.
Compañeros: que no nos distraigan con cubos de forraje. Lo que nos corresponde no se mendiga, se conquista.