Retrato de familia del cortijo, de abajo arriba
«En este cortijo no manda quien sirve. Manda quien se arrastra mejor.»
<<del refranero de andar por casa>>
Los hechos
En el mundo hay muchas
variedades de mando autoritario y de despotismo de manual. Los hay que se
disfrazan de derecha, los hay que se disfrazan de izquierda, y luego están los
de casa: fachas de cortijo, inútiles con mando, cuyo único mérito acreditado es
no soltarle la mano a quien los coloca. Vamos a hablar de ellos, y vamos a
empezar por abajo.
Ahí abajo están los
mamporreros de la tropa: los chivatos, los correveidiles, los que hacen de
escolta personal de mandos de tercera fila. Siempre in situ, siempre a mano,
siempre dispuestos a repetir como loros la última ocurrencia del marichulo de
turno. Traidores a su propia clase, gente de "dame pan y llámame
tonto"… y por si fuera poco, con lista de espera para el puesto.
Un peldaño más arriba
aparece la tropa de uniforme azul: cobran el plus de conducir moto y no la
montan. Aquí hay más percal que cortar. Demasiado galón para tan poca
vergüenza: gente que se agarra a un cargo prestado para sentirse alguien y que,
en esa inseguridad, ensucia a los
compañeros de su propia categoría que sí se ganan el respeto currando cada día.
Subimos otro escalón y
llegamos a los Jefes de Tráfico. Aquí ya cuesta menos identificarlos: déspotas,
prepotentes, falsos, marca de la casa. Como dijo el de la barba: "por sus
obras los conoceréis". ¿A todos? Ahí ya cuesta más separar el grano de la
paja…¿decide tu?
Y llegamos al Jefe de
Operaciones. De este poco hay que añadir, porque solo hay uno y se lo está
currando él solito para hacerle sombra a los grandes nombres de la historia
negra: Videla, Pinochet, el del bigote alemán. ¿Que es fuerte? Puede ser, para
quien se conforme con las palabras. Nosotros preferimos mirar los hechos, y con
los hechos por delante, creemos que nos quedamos cortos.
Y subimos ya a la cadena
de las alturas: una pléyade de enchufados sin mérito ni capacidad, colocados y
sostenidos por las huestes político-religiosas de siempre —da lo mismo la
sigla, PP o PSOE, la endogamia es idéntica—. Gente que ha llegado al cargo, no
por saber hacer el trabajo, sino por saber a quién hacerle la pelota, y que una
vez arriba sigue sin saber hacer el trabajo. Fachas de manual, hijos
predilectos de la gran familia del enchufe, protegidos desde la cúpula, con la
catadura moral que ya todos conocemos y que no hace falta detallar.
Ninguno de estos gallitos
de corral sería nada si la plantilla se plantara. Si los de abajo, los que
currelamos, los que damos la cara cada día, diéramos un puñetazo en la mesa, no
habría pelotas arrastrados haciendo de escolta, no habría un solo mando, jefe o
directivo que hubiese llegado al puesto a base de genuflexión y rodillera, no
habría jefatura que hubiese trepado poniendo la alfombra bajo los pies de su
superior, y desde luego no habría un solo político de la misma calaña —bajo la
sigla que sea, liberal o progresista de boquilla ambos— si nosotros no se lo
permitiéramos.
Que quede claro: son
pocos, y son cobardes. Solo llegan donde llegan porque siempre hay
demasiada gente dispuesta a abrirles la puerta y a arrastrarse por el pasillo
delante de ellos. El día que la plantilla decida dejar de arrastrarse, se acaba
el cortijo.
Marco legal
Lo que describimos arriba
no es solo un problema de estilo o de malas maneras. Cuando el trato despótico
y humillante hacia la plantilla se repite en el tiempo, deja de ser
"carácter" y empieza a tener nombre jurídico:
▸ Dignidad y respeto debido. El art. 4.2.e) del Estatuto de los Trabajadores (Real Decreto
Legislativo 2/2015) reconoce el derecho de la persona trabajadora "al
respeto de su intimidad y a la consideración debida a su dignidad" frente
a cualquier mando, sea cual sea su rango. (texto en el BOE)
▸ Riesgos psicosociales. Los arts. 14 y 15 de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos
Laborales obligan a la empresa a evaluar y prevenir también los riesgos
psicosociales derivados de un estilo de mando despótico, hostil o
intimidatorio, no solo los riesgos físicos. (texto en el BOE)
▸ Mérito y capacidad frente a enchufe. El acceso y la promoción en cualquier entidad de
titularidad pública deberían regirse por los principios de igualdad, mérito y
capacidad (art. 103.3 de la Constitución Española y art. 55 del Estatuto Básico
del Empleado Público, Real Decreto Legislativo 5/2015), y no por la cercanía
política ni por el favor personal. (texto en el BOE)
No estamos afirmando que
cada caso concreto constituya delito: eso lo determinan, en su caso, los
tribunales. Lo que decimos es que un patrón repetido de trato despótico y de
acceso a cargos por enchufe roza, y en algunos casos puede llegar a encajar en,
estas infracciones. Y que documentarlo es el primer paso para que deje de ser
"lo de siempre".
Qué hacer
1. Documéntalo. Fecha, hora, testigos,
hechos concretos —no impresiones—. Un episodio suelto se olvida; una carpeta
con fechas, no.
2. No te lo calles. Comunícalo a la
sección sindical para que quede registrado y con seguimiento, aunque hoy te
parezca "poca cosa".
3. Exige que se mueva el Comité de
Seguridad y Salud. Un patrón de trato despótico es, por definición, un riesgo
psicosocial a evaluar.
4. Pide por escrito criterios públicos y
objetivos —mérito, capacidad, concurrencia— en cualquier nombramiento o
promoción interna. Que quien decide lo explique, y que quede por escrito.
5. No blanquees con el silencio. Cada
episodio que se calla es un cheque en blanco para el siguiente.
Cierre
Cortita y al pie: el
cortijo no se sostiene solo. Se sostiene sobre la gente dispuesta a hacer de
escolta, de alfombra y de eco. El día que dejemos de prestarnos a eso, esta
fauna de mando se queda sin percha.
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EL CORTIJO SE ACABA CUANDO DEJAMOS DE
ARRASTRARNOS NI RODILLERAS NI SILENCIO MÉRITO SÍ, ENCHUFE NO LA PLANTILLA NO ES TROPA DE NADIE |
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