domingo, 2 de mayo de 2010

Guillermo Gutiérrez, esclavo de sus palabras

CON TU PERMISO, JACK, REPRODUCIMOS TU ARTICULO INTEGRO, NO NOS PARECE JUSTO NI RAZONABLE APORTAR SOLO EL ENLACE EN UN COMENTARIO....NO TIENE DESPERDICIO...BUEN ANÁLISIS COMPAÑERO Y UN SALUDO.

Los seres humanos vivimos presos de nuestras palabras, que nos desnudan y retratan ante los ojos del otro. Son las palabras, las que pronunciamos y las que callamos, las que esbozan el retrato de lo que somos ante las miradas de los demás.
Por si quedaba alguien que todavía no supiera quién es ese socialista de pro llamado Guillermo Gutiérrez, ex vicepresidente de Tussam, en la entrevista publicada hoy por el diario ABC de Sevilla puede encontrar un extenso rimero de palabras que describen a la perfección qué tipo de político y qué clase de persona es este señor.
Hablar desde el rencor y la soberbia define a las claras el talante de quien lo hace y suele conducir siempre al más espantoso de los ridículos. Y cuando ambos te ciegan, pierdes la conciencia de dónde estás y qué estás haciendo, y lo que es peor, te olvidas de todo cuanto has sido hasta ese mismo momento.
Hasta tal punto está dolido este socialista que se juramenta como leal al partido, y que promete seguir siéndolo hasta la muerte, que no tiene reparo alguno en ponerse a disposición de un diario cuya única finalidad es sacar tajada de las disensiones internas de los socialistas sevillanos para gloria y beneficio del Partido Popular.
Así concibe la lealtad este socialista que se jacta de demócrata hasta la médula, a pesar de que está imputado en dos querellas criminales por vulnerar derechos fundamentales protegidos y garantizados por la Constitución española. Con individuos así como garantes de la democracia, no me extraña que esté en inminente peligro el Estado de Derecho.
Se lamenta de que algunos sindicalistas le llamaron asesino cuando se quitó la vida el conductor José Luis Alonso. Se debería dar una vuelta por las hemerotecas de los periódicos de la ciudad y ojear la infinitud de titulares en los que ha insultado y agraviado a los trabajadores de la empresa, empezando por esta misma entrevista.
En cuanto a su responsabilidad en el caso de José Luis Alonso, que no se preocupe, en este mes se celebra el juicio por su muerte en el ámbito de lo social y será el juez quien determinará si la empresa tuvo o no implicación en el fatal desenlace. Mejor que se guarde las explicaciones para su señoría, que seguro que le harán mucha falta.
No tiene escrúpulos en utilizar la mentira si es necesario, como cuando afirma que los sindicatos ponen directivos, y desprestigiar de paso tanto a los profesionales que prestan servicio en la empresa, como a sus antecesores en el cargo, esos compañeros de partido a los que el ínclito Gutiérrez dice tener absoluta lealtad.
Pero no dice que en Tussam, tanto por ley como por convenio, todo el personal incluido en el Grupo 1 y el de alta dirección son competencia exclusiva de la empresa y a los sindicatos ni se les consulta.
De hecho, Arizaga, actual gerente de la empresa, pasará a la historia como el que más técnicos ha contratado de manera digital en sus cincuenta y tres años de existencia. Eso por no detenerme en el sueldo de presidente de gobierno que disfruta, gracias por supuesto a los trabajadores, que no han dudado un ápice en adjudicárselo, preocupándose además por mantenerle el poder adquisitivo mediante las sucesivas subidas anuales recogidas en las diferentes cláusulas de revisión. Hay que fastidiarse.
Como no ha tenido bastante con incendiar el clima laboral de Tussam, ahora que está excluido de todo pretende hacer lo mismo en las filas del partido y no pierde tiempo en poner a parir hasta a la dirección provincial y regional del mismo, llegando incluso a la falta de respeto y a las insinuaciones más bajas. Es lo que tiene el no saber perder cuando uno se cree imprescindible.
Puede que los sindicatos de Tussam deban aprender sindicalismo, señor Gutiérrez, el saber, ya se sabe, nunca ocupa lugar. Pero usted debe aprender otras cosas todavía más básicas si cabe, empezando por la dignidad y terminando por la tolerancia y el saber escuchar a los demás sin imposiciones. En ese abanico de aspectos puede encontrar una amplia gama de cualidades necesarias para ser un buen demócrata y ciudadano. Algo de lo que usted se jacta, pero que luego es incapaz de llevar a la práctica.
Y en lo referente a la lealtad, le recomiendo echar una ojeada a la definición del diccionario de la Real Academia Española, porque me temo que la ha interpretado bastante mal.